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lunes, 31 de diciembre de 2018

¿DÓNDE LLEGAR?

(Imagen tomada de la red)

Y continúo mi camino. Mi delicada maleta y conmigo globos, pues parece que al ser fin de año y empezar el nuevo, la alegría ha de imperar.
Me alejo con mi pequeña maleta, los globos y un camino por delante.
La luz está de frente, como la vida que me queda por delante. Porque por detrás, ya parece que diciembre no se puede recuperar, ni enero del anterior año, ni los errores cometidos, ni los desengaños.


¡Recuerda Rosa! Nada de quejas, nada de lamentos. Únicamente haz, no hables, no digas. 

¿Ni sola puedo hablar ya? ¿A quién hago daño?

Pues ... a ti, aunque no lo reconozcas. ¿Te parece poco? Te haces daño repitiendo los temores, tristezas, desengaños. ¿Por qué no te pones a cantar o a bailar?

¿Acaso tú también me dices lo mismo? ¿Por qué tengo que bailar o estar alegre? ¿Cómo voy a cantar si me voy a escuchar inmediatamente "calla"¿Cómo hablar si hablo sola y me escucho "calla"?

Sé tú misma. No dejas ser tú. Eres lo que desean los demás en este momento.

Ufffff ... ¡no sabía que esto me iba a remover tanto! Como dice la mamá, mejor no grites ni discutas. Dos riñen si uno no quiere. Sé que no tengo voz para cantar, pero ... ¡no puedo hacerlo porque no me es posible, no tengo esa oportunidad de hacerlo! 

Al menos, de momento, escribir no molesta. De momento. No deseo expresarlo, no sea que de aquí a un momento, me digan que también molesto.

Y tú, Rosa, ¿qué quieres tú? Es doloroso no saber qué deseo realmente, porque hasta cuando te has ido creyendo que ibas a ser independiente no lo has sido. Y eso te acobarda. Te acobarda tu inutilidad, tu imposibilidad de ser tú porque no sabes.

¿De qué sirve que vaya a otra casa, cuando no se te cesa de repetir que precisas de ayuda, que sola no puedes estar, que por ti misma no lo haces?

Ya Rosa, ya sé que te incomodo diciéndote esto, que te fastidia muchísimo. Bueno, más que fastidiarte, te aterroriza. Te aterroriza quedarte sin nadie. Y, siempre, ya sea en tu cumpleaños, en el de tu madre, en el fin de año, en lugar de alegrarte por estar otro día  más, te ocurre lo contrario. Te siente inmensamente pesarosa y  atemorizada.

No me apena ya no tener esa llamada amistad (que para mí es algo desconocido). Me apena haber desperdiciado esta vida y continuar haciéndolo.

Rosa, ¿recuerdas tu primer día de viaje? ¿Recuerdas que tu premisa era no lamentarte más ni quedarte en el lamento? ¿Y que puñetas haces?

¡Valeeee!! Oído cocina. No me lamento. Pero, ¿qué hago? ¿dónde voy?

Rosa, tú, ¿dónde quieres ir? ¿a dónde quieres llegar?

A veces no hace falta hacer grandes distancias para ser tú. Sí creo que en tu caso. Has de superar la gran barrera, el gran obstáculo que te impide seguir y que hace que tanto te pese, hasta tu propio ser.

¡Venga Rosa! ¡Es hora de vencer el peso que llevas años y años y años y que no te deja  hacer nada!
Aunque sea por un día, ¿por qué no intentas ser tú sin ser las demás personas, sin pensar en su opinión, en si lo haces mal o bien?

Has empezado bien, ¿eh? ¿Por qué no te vas de marcha por ahí?
Muy sencillo: porque estar de marcha sin sentido no es nada divertido.

Tú ganas. Bueno, ganas por no dejarme, no porque realmente sienta poder hacerte caso.


Rosa Mª Villalta Ballester



domingo, 30 de diciembre de 2018

SIN ELECCION ALGUNA

Es hora  de elegir un nuevo camino, otra forma diferente de mirar las cosas. Sé qué he de hacerlo, lo preciso, esta vida que existo me lo reclama una y otra vez.  Y yo no sé cómo contestarle, cómo actuar, cómo dirigirme.
Siento ser una estatua que, sin ser dirigida nada sabe hacer.  He sido y soy en la actualidad tan dirigida que no sé ser yo misma y también reconozco a gritos que ésta no soy quien soy de verdad, quien soy realmente. Sólo soy alguien que quieren a mi alrededor, a quien a moldeado para que todo vaya bien.

Y tantos y tantos años de esta manera, que sí, mi otra Rosa, se interpone y chocamos porque sé que tiene razón. Vivo sumergida en una burbuja de la que ma da terror salir porque soy tan sumamente inútil. soy nada por mí, que ¿dónde narices voy a ir?

Siempre sueño el último día del año con no empezar de nuevo, con dormirme y no despertar y lo he conseguido durante dos días a base de sedarme. Y aun me siento más rabiosa de estar despierta y más inquieta.
Quién soy y cómo sería, no lo sé, pues no lo he sido jamás.

Siento tal angustia por existir un día más, que mi existencia es insoportable.
Ya sé, Rosa, que estás conmigo y que no cesas de decírmelo; pero, ¿eres tú de verdad?, ¿o eres quien quiere también que sea de una u otra manera?

Me siento avergonzada, asqueada y con repugnancia de mí misma.
Continúo sin caminar, parásita pues ni tengo ni sé dónde ir.

Mi cabeza está todavía acusando los tranquilizantes que me tomé para no estar despierta y tener que aguantar el día.

El objetivo de este viaje consistía en abordarlo y hallar ese sentido para poder continuar. Ahora vuelvo a fracasar, como toda yo.  Solo soy fracaso, una basura que no tiene ya ganas de de escuchar. 
Y sólo mis letras son la única compañía. Quizás tampoco entiendan que expreso y les pido disculpas. Ni puedo comunicarme ni puedo hablar, lo tengo más bien vetado. Lamento aburriros al aire, a las palabras que expreso y a mi gran peso que soporto.



Rosa Mª Villalta Ballester

viernes, 28 de diciembre de 2018

ATRAPADA


Aquí de nuevo, sin saber dónde ir, sin saber porqué aquí.
Prometí realizar el viaje hasta el final; y, la verdad, no siento fuerza para continuar. Ni fuerza ni deseo.
¡Se repite de nuevo, una vez más, otra de tantas y tantas, la desgana, el desánimo, la apatía.
Nada me motiva ni me guía a continuar. Mas bien estoy cayendo en un inmenso abismo que nunca acaba. Nada más. Es esperar a llegar a saber dónde y sin sentido alguno.

Rosa, sí, otra vez. Sabías no era un camino de rosas. Las vacaciones y más estas de Navidad te sientan como un tiro. Sientes una inmensa contradicción entre tu estado de ánimo y el que de alguna manera impone la sociedad: alegría, ánimo, esperanza, armonía, reuniones, ..., en definitiva, algo realmente lejano a mi realidad, tan tan lejano que ignoro.

Ya Rosa, sé que año tras año es lo mismo y jamás logro pasar de cuanto se intenta transmitir. Y tú, ¿por qué estás aquí conmigo? ¿quién te manda estar aquí y ahora?

Soy tú. No puedes anularme, o sí; puedes ignorarme; pero la realidad es que existo y existiré contigo te guste o no. ¿Por qué no lo haces agradable? ¿Por qué me sientes enemiga o reactiva?

No es exactamente eso. Es que tú eres la única conversación, la única que se dirige a mí. Y tú eres yo. Así que no salgo de mí. O no entro en mí nunca.

Intento que estés bien conmigo pero cada vez me alejo más; como si ambas no tuviéramos nada que ver.

Pesa la maleta, pesa mi estado, pesa mi estar. Además, todo es oscuro y desconocido.
¿Cómo voy a seguir? ¿Por qué? ¿Hacia dónde? ¿Para qué?

Hoy como ya hace muchos días, apenas tengo fuerza e inútil es intentar continuar.
Tal vez ya no viaje. Quizás, me quede a la intemperie de este universo del que soy una diminuta parte. Nadie se dará cuenta. 

Permanezco en este lugar de incertidumbre y miedo, atrapada y desconcertada, aguantando las inclemencias de tanta tempestad que arrasa mis pasos.


Rosa Mª Villalta Ballester.

martes, 25 de diciembre de 2018

NAVIDAD, ¿HA DE SER ALEGRIA?


(imagen tomada de google)

Navidad, ¿quién la vive y la entiende como tal?
¿Por qué tiene que ser una día alegre y armonioso? ¿Acaso no hay personas sin hogar, maltratos, muertes, ...? ¿Acaso no hay derecho a la tristeza y desesperación?
¿Cómo puede vivir una niña o un niño que ha presenciado la muerte de su mamá por su papá? ¿Cómo puede vivir hoy esa madre que ha perdido a su hija por la violencia de un desalmado que no persona? ¿Cómo van a sonreír esas personas? ¿Y quienes están en el hospital por algo grave e insalvable?¿Y quienes han perdido su trabajo, su hogar, ...?
¿Por qué se nos enseña que en Navidad todo es hermoso, armonioso y pacífico cuando no lo es?
Quizás lo sea para quienes ostentan el poder a costa de lo que sea, con mentiras, sobornos, máscaras, promesas que jamás cumplirán, ...
Quizás lo sea para quienes carecen de conciencia, de sensatez y realidad. 

Al menos, aunque sea por un día, aunque debiera ser cada instante, habría que tomar conciencia de todo nuestro mundo del que formamos parte. Quizás, si se empezase por tomar conciencia, cambiarían muchas cosas y no solo la ansiedad por llegar al poder, a ver quién es quien ostenta una presidencia, quién desacredita a quién, quién demagógicamente es mejor y da mejor el timo, porque lo que es la realidad, es que cada cual desea ostentar el poder para después olvidarse de lo esencial que son la personas de la calle, las personas que no pueden ni llegar a soñar en tener momentos de armonía.

Y yo, un día como hoy, no puedo sino pensar en quienes no tienen para comer, vestirse, asearse, ..., esa infancia rota por quienes la utilizan y no la aman, esas personas que han perdido a un ser querido, las que no tienen un ser que les acompañe, a quienes son enviados en pateras para probar suerte de entrar en otro país, a todas y todos que no tienen la suerte de poder sentir sea este día u otro día, un día, aunque sea un solo día, de armonía y tranquilidad.

A esas personas les dedico mi pensamiento, que no se olvidan de ellas, que de alguna manera su malestar y desgracia es mi malestar y desgracia.
Por eso, hoy, Navidad, también esas personas forman parte de mi ser aunque yo, gracias al cielo, no tenga esas penurias. 
¡El gran regalo de Navidad que me ilusiona es que hoy, al menos por un día, hoy, no hubiera que conocer ninguna muerte por violencia de género, ni ninguna muerte por frío, desamparo, violencia ...!

Las cosas, aunque parezcan imposible (al menos para mí), pueden solucionarse mientras la muerte no esté por medio.
Si cualquier dirigente, en lugar de pensar en tanto dinero, pensaran más en cómo erradicar la violencia (la cual no necesita de dinero sino de una buena justicia y castigo), pensaran en cómo repartir más equitativamente la riqueza y no fuera siempre a manos de unos pocos, entonces, sólo entonces las cosas podrían cambiar.

La pena, desde mi punto de vista, es que se piensa en prosperar, en el triunfo personal a costa de y no para quienes realmente precisan cambiar las cosas. Si los dirigentes se dedicaran para quienes y no a costa de quienes, las cosas darían un giro jamás hallado. 

No obstante, allá cada cual con su conciencia. Cada cual piensa en la Navidad como lo crea.

Hoy no podía pasar este día sin rendir homenaje a quienes sufren de alguna u otra manera.


Rosa Mª Villalta Ballester



lunes, 24 de diciembre de 2018

PRESENCIA Y AUSENCIA


(imagen tomada de Google)

Durante esta noche, muchas familias se reunirán bien de manera armoniosa y de buena gana; otras por tradición pero sin ningún interés por la reunión; y otras tantas que acaban discutiendo y con enfados.

Ahora, hoy, me pregunto cuántas personas son esperadas, son deseadas, cuántas son echadas de menos.
A lo largo de este año, si algo he aprendido es precisamente eso: a que se valore la ausencia más que la presencia.
La mayor parte de las veces, el hecho de tener presente a las personas, hace que no se les valore como habría que hacerlo.
¿Acaso hay que esperar su ausencia para saber su valor?

Posiblemente esta prueba tenga resultados inesperados, buenos o malos.
Y si algo he hecho es, precisamente, el imponer mi presencia. De nada sirve el querer estar con personas que no quieren la tuya. Me ha costado muchísimo el aceptar y asumir este hecho; pero, vale la pena hacerlo. Ahora soy consciente que quien no desea mi compañía no la tiene y quien la quiera la tiene. Así nadie sale perjudicado. Nadie tiene que aguantarme y yo no me siento mal junto a quien no está a gusto conmigo.

Y también resulta interesante darse cuenta que, tal vez, con quienes queremos estar o creemos querer estar, son quienes menos nos hacen pasar buenos momentos. Y aquellos que no apreciamos son quienes mejor momentos nos pueden hacer pasar.

Porque la vida no es mas que eso: momentos que pasar y cuanto más agradables sean, mucho mejor. Y mejor estar en soledad que en compañía  que no desean la mía.

De la misma manera que la presencia se valora con la ausencia, la soledad se valora tanto más cuanto la compañía no sea mas que algo superficial.

Y algo muy importante: es mucho mejor considerar la presencia de la soledad que la de una superficial compañía. Nuestra soledad es nuestra identidad la cual no ha de perderse jamás.

Teniéndose uno mismo, se puede llegar a cualquier meta. Dejando la soledad por estar en compañía, se pierde la verdadera esencia de la persona.


Rosa Mª Villalta Ballester.






domingo, 23 de diciembre de 2018

EL ARBOL DE LA VIDA


(Imagen tomada de google)


La vida es algo más que un solo momento; es una infinidad de momentos tal vez más malos que buenos, que se han de ir afrontando con sus pros y sus contras, con sus días y sus noches, de la mejor manera posible.

Si hay algo que no soporto de esta vida, es la violencia, el sufrimiento, la maldad. No puedo soportarlo. Ni lo acepto ni lo soporto.
Al igual que las máscaras. Me gusta la transparencia no la falsedad.Prefiero una verdad aunque duela, que ocultar la sinceridad para qué se yo.
Será por todo que no soporto la vida, que siento ser un bicho raro en medio de este universo.
Me fijo en el árbol de la vida, en sus cuatro etapas, en sus noches y días, en todo cuanto representa, con sus raíces profundas y firmes, con su resistencia. Y eso somos las personas, alguien con raíces que se mueve, a diferencia del árbol, en busca de su felicidad, aceptando y rechazando, errando y acertando,.

Hoy, en mi viaje, me fijo en el árbol, me siento bajo su ser, respiro, cierro los ojos. Ambos nos acompañamos, nos sentimos, aunque nada nos digamos.

Bajo él me siento serena y confiada, sin pensar en nada. No quiero pensar, solo continuar este viaje que emprendí ya hace tiempo y que no encuentro sentido alguno. Estoy, como este árbol, existo, nada más. Estoy. Que no vivo. Me siento un ser que existo sin más, recibiendo una nueva estación, teniendo mucha más edad, desengañada, aceptando su realidad. 


Es lo único que puedes y debes hacer Rosa, aceptarla y asumirla. Quizás no me escuches, o pases de mí, o quizás me tomes de la mano y caminemos al mismo son. A tu lado voy aunque no quieras verme, aunque no puedas hacerlo, aunque no te guste cómo has sido ni cómo eres.
Te tienes a ti y me tienes a mí; sin embargo, no quieres ni recibirte, ni aceptarte ni aceptarme cuando es lo que más necesitas. 
Pasan los años, las estaciones y el árbol de la vida te abraza y tú no lo abrazas a él. Ese árbol que, como tú, tiene sus raíces firmes y que, a diferencia de ti, no puede mas que permanecer estático, tiene el poder resistencia, de vitalidad.

Ojalá este árbol, que está dentro de ti, te haga reaccionar y puedas ser, al igual que él, ese refugio al cual cobijarte, ese poder que te da tranquilidad y hace que dejes de pensar.

Ojalá que, con cuan mágico y poderoso llevas en tu maleta, puedas hallar esa navidad en la cual ya ni sientes ni piensas, ese renacer sublime que te hace sentir fuerte y vital.

Tú no tienes esperanza ni fe ni creencia. Tal vez tanta mala experiencia haya determinado ese rechazo a esperar, a confiar y a lograr tener ilusión. 

Así es. Ni tengo fe ni esperanza ni nada de nada. Sería una falsedad expresar lo contrario. No puedo tenerlas. Ojalá las tuviera.

Este árbol de la vida es posible lo entienda alguna vez. De momento me gusta verlo, me gusta su historia, me gusta tenerlo presente. Nada más.

Hoy eres el protagonista de mi pensar. Quizás lo seas o hayas sido siempre, no lo sé. 

Al menos, he vuelto a mi camino; vuelvo a tomar el rumbo del viaje que ya estaba empezando a costarme. Nada me apetece; pero cuando lo comencé ya sabía que esto podría pasar pues mi día a día, mi momento a momento es la inercia, la apatía.

Bueno, al menos hoy ya he caminado un poquito. 
Seguiremos.

Rosa Mª Villalta Ballester





martes, 18 de diciembre de 2018

INVIERNO




Es invierno. Y llega la Navidad. Es curioso, pero nunca me ha gustado la navidad asociada a las comidas copiosas, reuniones formales, regalos, compras ...
Y en este mi viaje en solitario soy feliz, sí, feliz por no tener que fingir alegría, por no tener que asistir a reunión alguna, por no tener que comprar y comprar y comprar.
La maleta que va conmigo lleva lo que necesito. Decidí hace tiempo tener aquello que necesito y nada más. El invierno lleva consigo el solsticio, el día más corto, la noche más larga; en cierta medida, va más conmigo dado que soy reacia al sol. Y tampoco aquí hace un frío para no salir.
Echo de menos una aldea, algún paraje donde nieve y salir en la noche y poder observar el cielo y sus estrellas, en medio de la oscuridad. ¡Eso debe ser tan ... tan estupendo!
Pero como todo cuanto pienso no deja de ser una fantasía, puesto que eso es imposible de realizar. Imposible estar en un paraje a solas sin que corra en riesgo la vida. 
Hay cosas lejos de poder ser real, cosas tan hermosas que delimitan algo tan hermoso como bello.
Cuando se dice que la persona decide, indudablemente lo hace, pero bajo ... ciertas circunstancias. No se es libre. La libertad de algo tan sencillo como la soledad en medio de un paraje natural es tan arriesgado que mejor ni intentarlo.
Ahora soy feliz, me llena aquello que tiene que ver con la naturaleza, con el paisaje, la noche, la madrugada, el día, el cielo, el sol, ...
Lejos de sentirme desdichada por la ausencia de compañía fuera de la familiar, me siento dichosa de poder percatarme de todo aquello que es tan simple y tan hermoso, aquello que cuanto más soledad, más y mejor se percibe.

Invierno. Algo tiene o ha de tener que me haga salir en su busca. 
Tal vez el frío de la mañana sobre mi piel, el temprano anochecer que me aleja del sol del que huyo, el sentir el calor en la cama escuchando la radio un domingo o un día de vacaciones ...
Así también la navidad ha de tener algo diferente que las compras, las comidas, .. ¿Qué cosas puede tener buenas la Navidad Rosa? ¿Buenas? Quisiera verlas, pero es que solo me trae sentimiento de tristeza, de despedida, de otro año, de haber cada vez menos personas entre nosotros, ..., no, no hay cosas buenas desde mi punto de vista.

Por eso continúo el viaje sin más. Por eso no ceso de viajar, de enriquecerme como persona, de explorar nuevos caminos, nuevos enfoques, nueva maneras de mirar el ahora.
Invierno: momento en que sigo mi viaje.
Navidad: momento en que no siento obligación de; siento temor a, duda y desconcierto.

Quizás por un momento, aunque sea en mi imaginación, me imagino en un paraje nevado, montañoso, oscuro de noche cerrada, sola, frente a la vida, sintiendo caer los copos y, al pie de un árbol, sentada miro al cielo y le hablo ... y me habla.



Rosa Mª Villalta Ballester.

lunes, 17 de diciembre de 2018

REALIDAD O DESEO




El cansancio se apodera de mí. En la fantasía soy alguien que deseo hacer y hacer y vivir. La realidad y no la fantasía me hacen sentir la impotencia y la ausencia de decisión.
¿Cómo decidir si no soy quien en mi imaginación soy? ¿Cómo ilusionarme si luego las fuerzas y la vitalidad no van al compás?
¿Para qué ilusionarme, fingir que quiero o puedo hacer tal o cual cosa si la cruda realidad es que la única cosa que hago realmente porque es lo que las fuerzas me permiten es estar en la cama?
Deseo y realidad, realidad y deseo. Deseos que no pueden llegar a ser reales porque la realidad impide que lo sean.
Por eso, hace mucho que decidí no desear o en caso de hacerlo, tener la certeza de su imposible llegar a ser.


La luz es clara y radiante,
la mirada fija y decidida,
sin un paso más que ayer
y uno menos que pudiera ser.
Reflejo del peso corporal,
de la oscura realidad que,
a pasos agigantados,
oscurece el pensamiento
y ubica la flojedad en el centro.
¡Apagad esa oscuridad inoportuna,
que llegue el fuego a culminar
y que aquello que el deseo mueve
no cese jamás de poder lograr!


Y así, en la oscuridad de la noche, cerrada, fría, sin luna, sin confianza y con gran temor, hago como que la fuerza en mí es inmensa, al menos para poder hacer que el sueño que en mí se apodera, se convierta mañana en el esfuerzo necesario para que, aunque el día sea tormentoso, pueda albergar el fuego que alumbre el centro de mi ser y aparte todo miedo y oscuridad que obstaculicen ese hacer real el deseo del arte de no abandonar.


Rosa Mª Villalta Ballester

sábado, 15 de diciembre de 2018

CONTINÚA



Mi viaje continúa solitario y triste. Y deseo convertirlo en algo más armonioso.
De alguna manera he de encontrar esa sintonía entre esa niña que dejó de serlo y esa adulta que no lo asume.
Rosa, sé tú, deja de escuchar o de pensar qué piensan los demás. El camino no es mas que tuyo. Hazlo agradable.
No mires a tu alrededor porque además, las "pistas" que ves son engañosas; sí, crees ver grupos o parejas que se divierten cuando en realidad sabes bien que el trasfondo es una superficialidad.
Hoy en día parece que hay amigos al instante. Y bien sabes por experiencia que cuanto más se tilda una de amistad, más lejos de la realidad.

Asume tu soledad, no importa la causa. Asume que viajas sola, sin nadie. Asume que no tienes a quién llamar para comunicarte, ya sea bueno o malo. 
Y aprovecha momentos como el de la foto que has hecho porque verdaderamente esos momentos son tuyos y son hermosos. 

Si bien por naturaleza la persona es sociable, también es verdad que nace sóla y muere sóla. Y una decisión es de cada cual ya tenga pareja o amistad o tenga infinidad de compañía.

No dejes pasar tus días lamentándote ni expresando lo desgraciada o la mala suerte que tienes por tu soledad. Quizás seas una gran afortunada que puedes mirar más allá de ti. Quizás, en esa maleta que llevas, tan sencilla y sin apenas nada, seas capaz de mirarte y, en lugar de despreciarte, de insultarte y odiarte, y darte asco, pudieras ver alguien capaz de llegar al fondo de cualquier situación, de ir más allá de la superficialidad.

La verdad, no he caído en ello. Tal vez envidio a las personas con amistades, pareja, que tienen a esa "amiga" o "amigo" y no me doy cuenta de cuán superficial es eso. Quizás en el fondo busque ser mi propia amiga y así poder ir más allá de quien soy, ir o apreciar, percatarme, de quien está junto a mí, cerca de mí y cuya situación personal todavía es peor que la mía.

Ya hace tiempo que decidí no quejarme y no ceso de hacerlo. No tal como queja pero sí como lamento.
No he conseguido realizar este viaje de una manera constante y permanente. He dejado, olvidado, esos objetivos o ese objetivo por el cual comencé esta actividad.
Vuelvo a odiarme, cada vez con más intensidad. Vuelvo, por no decir que no ceso, de mirar mi ombligo. Quizás sea cuestión de dejar mi ombligo por el camino y continuar. Quizás, vaya más ligera, tenga menos dolor y pueda llegar a ese objetivo por el cual partí.

Cuando hago esta fotografía, me encuentro completamente sóla, ya no solo físicamente sino moralmente. Y, sin embargo, ¡qué bella imagen!. También esa rosa de los vientos ahora se halla en soledad.

Soledad que cualquiera detesta, espanta, intenta deshacer a través de una malograda pareja o amistad.

¡Cuántas cosas hermosas hay con la soledad! ¡Cuántas cosas se pierden en compañía, intentando agradar, que te agraden, que suplan ese pozo oscuro que cualquiera trata de no caer!

Y si algo aprendo, es a valorar los hermosos momentos, aunque sean instantes, para ir consiguiendo esa armonía conmigo misma que me permita mirar otra cosa que no sea yo.
Por de pronto y para continuar mi viaje, dejo ya mi ombligo. Lo dejo en el camino, y continúo. Continúo. 
Sin fuerza, sin esperanza, sin deseo alguno. Continúo.